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372 LUIS ROSÓN tiene un para que es la efusiva donación de ser. Esta mutua donación es, en realidad, convivencia con el tú y con Dios. Estamos en comu- nión amorosa con otro cuando cuando mutuamente nos hacemos ofrenda y aceptamos una parte de nuestro respectivo ser. Pero esta mutua entrega no será autentica y profunda mientras no la realice- mos sabiendo, de modo científico o no, que el ser ofrecido y acep- tado es sólo parcialmente nuestro porque fundamentalmente es “en” Dios, religado a Él y, por tanto, “de” Él. Sólo entonces nuestro acto de amor se conforma a la última realidad metafísica de nuestro ser y alcanza la plena verdad. El menester que hemos descubierto en el hombre de apertura a los demás y de necesidad de amistad, revela en su íntima hondura una indigencia más radical y definitiva, la metafísica religación del ser humano a Dios. Por eso la amistad, respuesta a aquella menes- terosidad del hombre, exige para ser plena y perfecta, un amor a la persona del otro que sea “en”, “hacia” y “para” Dios. “Llamando tú al otro, diciendo al otro, a solas con él, una palabra de amor, la criatura humana está proclamando quedamente su radical solidariedad onto- lógica con su Creador y con la creación entera” 46 . 2.5. D IOS , T Ú ABSOLUTO DEL HOMBRE El hombre, en su trato con el mundo, encuentra a los demás. Esta apertura a la realidad, ¿hasta dónde llega? En nuestra acción cuasi-creadora descubrimos que los nuevos modos de ser que pue- den salir de nuestras manos son indefinidos; de ahí que la realidad se nos presente como inagotable. Adivinamos en ella que detrás de “lo que hay” se esconde “lo que hace que haya”, el principio que hace obsequiosa y sostiene a la realidad. El hombre creador infiere que toda la realidad está también ligada y que se ofrece como inagotable porque toma su origen de una transrealidad estrictamente infinita. “ La creación, actividad por la cual el hombre más se asemeja a Dios, es también la operación en que más directa y pregnatemente se le patentiza la “religación”, la constitutiva implantación de su 46 ID., Teoría y realidad del otro , t. II, 338.
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