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198 ILDEFONSO MURILLO ¿Para qué necesita a Dios un humanismo? He insinuado ya la respuesta a esta pregunta con suficiente claridad. Para darle firmeza y profundidad, y para fundamentar su dimensión práctica. La maravilla que somos no basta siempre para fundamentar un comportamiento de respeto y amor de unos hombres respecto a otros, sobre todo en el caso del débil. La ética absoluta del amor al prójimo no creo que pueda darse sin presuponer un fundamento teológico que la sus- tente. Sólo a la luz de Dios, donde radica en último término la digni- dad humana, podríamos afirmar absolutamente al otro hombre (a la otra persona). I LDEFONSO M URILLO Universidad Pontificia de Salamanca
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