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80 ANTONIO HEREDIA SORIANO Pues bien, este triple, básico e indiviso carácter de su formación univer­ sitaria y proyecto de vida intelectual, que había de conducirlo ya para siempre y casi en solitario a la práctica heroica (así dicho, sin remilgos) de una tarea (el hispanismo filosófico) considerada por muchos entonces como ahora menor y escasamente lustrosa; tarea por lo que se ve irrelevan­ te para ciertos esprits forts (etnocéntricos) de la Academia y de fruto incier­ to a corto plazo (quizá la generación siguiente pueda recoger algo de lo sembrado por él con tanto afán)... Esa triple condición originaria —repi­ to— fue alumbrada y alimentada en aquel complejo e insólito taller filo- sófico-hispanista de la Universidad de Grenoble de los años 30, en el que trabajaban maestros tales como Jacques Chevalier, Jean Sarrailh, Jean Baruzi, Henri Gouhier, etc., etc. El primero sobre todo (1882-1962), ardiente espiritualista a lo Descar­ tes, Pascal, Malebranche, Bergson..., era un auténtico forjador de vocacio­ nes intelectuales recias, vivas y comprometidas, animando a sus alumnos y discípulos al descubrimiento de la objetividad y de la vida interior median­ te la práctica disciplinada del análisis psicológico y de la introspección. Hizo desear a muchos la búsqueda y posesión de una verdad no abstracta sino concreta y de rostro humano, fruto del esfuerzo personal. «Lean poco y mediten profundamente», solía decirles animándolos a reconstruir inte­ riormente el pensamiento íntimo de los grandes maestros; operación tanto más difícil cuanto más densa se presentaba «la maraña creciente de los escritos»3. Non nova , sed vera : era otra de sus consignas. Ahí están para corroborarlo, entre otros, los testimonios de Emmanuel Mounier4, Jean Lacroix, Jean Guitton... y el propio Alain Guy5. hispánico, pero estas obras, ciertamente notables, bajo la perspectiva del hispanismo y de la Historia, lo son menos bajo la de la filosofía: se trata, sobre todo, de investigaciones biográficas, filológicas, estéticas, biliográficas o literarias; pero la crítica metafísica tiene en ellas escasa parte. No se puede, por otro lado, reprochar a los hispanistas haberse acantonado en su terreno propio, sin aventurarse en un campo más especializado y técnico como es el de la filosofía. Son los filósofos mismos, con sus métodos específicos de observación e interpretación, los que vuelven a inclinarse ante la especulación española de antaño. Es de desear que, al estudiar más de cerca esta rica materia, trabajen por integrarla racionalmente en la historia del pensamiento humano, colocándola, como es debido, en el desenvolvimiento general de la filosofía» ( Ibid ., 77-78). 3. J. CHEVALIER, Historia del pensamiento , I. El pensamiento antiguo, trad. J. A. Míguez, Madrid, Aguilar 1968, 2.a ed., XVII. 4. E. MOUNIER, Oeuvres, IV. Paris, Seuil 1963, 418ss. Hay traducción española de A. Ruiz: Salamanca, Sígueme 1988, 471ss. Vid. también C. M oiX, El pensamiento de Emma­ nuel Mounier , trad. A. Ramón de Izquierdo, Barcelona, Estela 1964, pp. 10-11. 5. A. Guy, Métaphysique et intuition. Le message de Jacques Chevalier, Paris, Charles- Lavauzeile 1940, XXVIII + 190 pp.; Id., L'Espagne dans la vie et l’oeuvre de Mounier , en A. H eredia S oriano (Ed.), Mounier, a los 25 años de su muerte. Salamanca, Univ. de Sala­ manca 1975, 114; Id., Emmanuel Mounier (1905-1950) ou l’optimisme tragique , en Revista Española de Teología 44 (1984) 605.

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