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648 D. CA ST ILLO CABALLERO Se justifica, así, esa nueva vida, rejuvenecimiento, signo de algo distinto, sagrado. Creemos que el esquema fundamental que presentan estos relatos sobre Dababosá nos está proyectando, en todo este ambiente de mis­ terio (retirado al mundo extraño, de los dioses, Oriente, secretos, sepa­ raciones, bosque, matorrales, presencia del tío materno, constante alu­ sión a los ritos de agua, baños...), a la fundamentación de todas las instituciones sociales iniciáticas en los tiempos primordiales 23°. Precisa­ mente «por ello curamos nosotros ahora», nos dice uno de los relatos sobre Dababosá. Con ello se pretende su justificación. Lo que ellos hacían se fundaba porque así se hizo y se mandó hacer desde el prin­ cipio. A l mismo tiempo, se explica etiológicamente por qué el pueblo barí actual se encuentra en situación decepcionante: sin poder atender debidamente a las mujeres embarazadas, a las parturientas, a los niñitos recién nacidos, y a todo lo referente a las curaciones o a la sangre. Por lo que respecta a la representación de dicho personaje en tigre, no es en la tradición barí la única cultura en que lo encontra­ mos. Se halla, también, en los ritos de inciación de algunos otros pue­ blos primitivos 231. 230. Sobre el hecho de los ritos de iniciación entre los barí, sobre todo de pubertad en la mujer, existe algún recuerdo, si bien no muy definido, en algunos componentes de la Comunidad de Bokshí. En concreto, juana nos pro­ porciona el detalle de que la mamá llevaba a la muchachita al monte, donde le enseñaba algunos detalles de cocina, cuidados de la casa, trabajo femenino... No obstante, esa iniciación se acostumbraba a realizar, más bien, en el bohío. Sobre otros detalles en relación a este tema, ya hemos indicado algo en la par­ te anterior de nuestro trabajo de campo. Lo que sí aparece con claridad en todas las narraciones mitológicas y en las informaciones de los ancianos es la alusión a la misión eminentemente ini- ciática de Dababosá. A él se atribuyen ciertos ritos actuales, lo mismo que se considera de fatales consecuencias el comportamiento de aquellos jóvenes con Dababosá. Las coordenadas en las que se mueve este mito son claras: expli­ cación de lo positivo (atención a mujeres enestado, niñito recién nacidos...) y de lo negativo (por qué no se llegó a perfeccionar esta iniciación que haría felices a los barí en muchos aspectos de su vida). Todos ellos reconocen que Dababosá tenía intención, según el mandato de Sabaséba, de comunicarles más secretos... 231. Cf. M. Eliade, Mitos, sueños y misterios..., 237. Eliade lo interpreta como encarnación del antepasado mítico, cuya función principal es la de ser maes­ tro de iniciación. La interpretación que R. Jaulin hace del «rapto de la mu­ chacha» por «el tigre», en la que trata de descubrir elementos de zoofilia, nos parece infundada críticamente y poco acorde con un análisis detenido del mito sobre .Dababosá (cf. R. Jaulin, La paz blanca. Introducción al etnocidio, Bue­ nos Aires 1973, 64).

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