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H~ GRITOS ·DEL CIELO• . , . niendole ·en la mano un papel efcrito, le– : dixo afsi: Padre, veinte perfonas eíl:a.11 e(. 1 , crit:is en eíle papel; a codas he determina• do quitarles la vida; ya lo execuce con la primera, diodo le maerte violentifsima. ' NopermiraD:os,qa(! loexecuteccmal• guoa de l.;s otras; dererminad·o eítoi a morir muchas veces , ames que volver a cx a·cucar femejrnre del:to,ni orro algono, Preguntole el Mifsionario, que le haviai_ movido para cdfar en íus culpas, y cenet de ellas arrepentimiento canco ? Y le reí~ pondio: Pldre, me ha movido uo Sermon dt! las penas del Infierno, que he oido pre, dicar, con cuya confideracicn efroi tan refuelro ano of.:oder a Dios en adelante, qt1e primero quiero morir, que pecar. De modo, que a eite hombre lo movio a no pecar, ya fervfr a Dios, la coníideracion de 'as penas del Infierno. 2Sz. Al mifmo Capuchino Mi(siona~ rio le fucedio el caío Gguiente. U o hom– bre com~tio un pecado de beílialidad, y d Djmonio, que es facil en perfuadir a la culpa, y defpues de cotnetida, con ponde"'; ract~n la agrava, perfu ,dio a elle pobre : hombre, y lo hiz~ creer, que fi conf."'íf.ibl. ¡ a:¡u~lla culpa, el .Conf;:íf.>r lo havi.t de acu,

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