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yores respeto y veneracion, a los iguales amor y cordia- lidad , impregnandose nuestro espiritu en todos los prin- cipios fundamentales de Religion y sociedad; pero de tal modo, que nuestros sentidos eran los érganos de estas ideas; el cuidado y vigilancia de nuestros padres era el medio de adquirirlas; su mano, 4 las veces blanda, 4 las veces dura, era el sello que caracterizaba en nosotros de un modo estable las grandes ideas que forman la morali- dad individual y son parte de la universal. Es, pues, evi- dente que la idea que tenemos de deber nuestra existen- cia 4 nuestros padres, primero la percibimos por los sen- -lidos, luégo advertimos sus sensaciones en nuestro co- razon, y despues pas6 4 radicarsen nuestro espiritu. _ Educados desde nuestra infancia en esta escuela pater- nal de cariiio y de rigor, de consejos y de reprensiones, nos acostumbramos insensiblemente 4 no advertir en la union de nuestros padres nada que no fuese sagrado y honesto; y esto contribuia 4 muchas cosas: primera, 4 no doxpechsir jamas que en el talamo sagrado hubiese manchas de infidelidad; segunda, 4 persuadirnos que de unos padres llenos de honor y probidad, debian salir hi- jos adornados de los mismos sentimientos. ; Ah! Si algu- no ha intentado alguna vez mancillar con su viperina lengua la memoria de vuestros padres, gno habeis visto cémo saltaba vuestro corazon? 4No habeis sentido bullir en torno de él vuestra sangre, calentarse é inflamarse? &No habeis tapado la boca del maldiciente, poniendo en buen lugar el honor de vuestros ascendientes? ¢No ha~ beis dirigido en aquel momento una mirada de ternura hacia el frio marmol que encierra sus preciosos restos? Si; el amor hacia los padres tiene algo de sagrado y di- vino; es una especie de culto y adoracion, cuya viola- cion no puede permitir nuestro corazon. Y yo no creo que haya hombre alguno que vea 4 sangre fria la profa- nacion de este amor religioso sin conmoverse; y si no t
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