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meses y dias para el bien del hombre; cuando la tierra no es visitada por las estaciones, esterilizada en invierno, fecundada en primavera y colmada de frutos en otofio sino por el bien del hombre; cuando el bruto no vive sino para proveer al hombre de sus ricas pieles y sabrosas carnes, obédeciendo a una ley, gsdlo el hombre no ha de tener leyes para su propagacion y conservacion? La hu- manidad, que, como todos los séres creados, ha salido de las manos de Dios sujeta 4 nimero, peso y medida, gno tendra ley alguna para su propagacion, por la sola razon de que, 4 diferencia de los otros animales, tiene plena li- bertad para obedecer 6 desobedecer 4 los mandatos de su Criador? Seria esto una quimera inconcebible; seria un absurdo. Realicese este absurdo, como han pretendido los hombres cinicos de la ultima escuela filosdfica, y la so- ciedad humana se desplomaria por no tener equilibrio, _ Para corroborar sus perversas maximas, confiesan los filésofos modernos un dogma; por mas que quieran hacer & Dios el gran todo de este mundo; por mas que inventen sistemas para la formacion dela materia; por mds que quieran analizar las operaciones humanas y pretendan _ asemejar el hombre al bruto, separandolo gradualmente de aquellos animales cuyos instintos son mas finos, hasta formar un contraste asombroso con los mas estupidos, forjando en su imaginacion calcinada el hombre natural 6 selvatico, el hombre social y el hombre religioso, siem- pre encuentran en el hombre una gran prerogativa que lo distingue esencialmente de todo animal, y lo eleva a una esfera superior. Es esta gran excelencia la libertad, unico dogma que la filosofia defiende con calor y denue- do en la practica, aunque haya querido enterrarlo entre las tenebrosas cavernas de sus teorias. Nosotros tambien profesamos ese dogma, y le damos el segundo lugar en todas nuestras grandezas en el érden moral; porque entre los mas horrendos abismos, el hombre malo levanta su TOMO il, 25 : Fle

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