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mujer. Pues bien; el espiritu de libertinaje de la filosofia moderna ha tomado estas palabras en sus labios impuros, y sirviéndose de ellas como de un instrumento belicoso, dispara sus tiros para desmoronar el edificio social que en ellas esta fundado. «Vuestro tinico fin, dice 4 los hom- bres, es este mundo; el medio de gozarle es vuestra carne: entregaos sin reserva & todas sus exigencias ; sed felices siendo carnales.» jAh! ;Horror causa el pensarlo! Apenas puede uno tomar en sus manos un libro de este siglo, sin encontrar publicados estos documentos de la sensualidad: apenas puede uno internarse en las reuniones, sin ver rea- lizados estos falsos principios; y lo que mas espanta es — que la incredulidad ha eonseguido que hoy se dude de todo, y al mismo tiempo toma en su boca las palabras di- vinas, las interpreta segun los elementos de su mente li- bertina, pretendiendo apoyar sus excesos en las palabras sagradas. Tal es el abismoa donde se arroja nuestro espi- _ritu cuando se empefia en abusar de los dones de Dios. Voy 4 entrar en esta gran cuestion. La lujuria ha sido en todas épocas la llaga de la humanidad ; mas nunca ha sido desconocida su monstruosidad ; pero en este siglo la gran meretriz ha sido revestida de ptirpura y diadema; se ha colocado en sus manos la copa de oro; se le han ofre- cido adoraciones, y sus excesos son el pecado mimado de los hombres. Pregunto, pues : sC6mo quiso Dios que sub- sistiese arménicamente la sociedad humana? g,Cémo quiso que se perpetuase? Por medio de la castidad. Si, una con- tinencia saludable en unos, una castidad integérrima en otros, son las grandes bases sociales que publicé Dios cuando dijo: «Creced y multiplicaos , y llenad la tierra.» Y¥ de estos principios debia seguirse la solidez y dicha de la sociedad. | 3 ys Imploremos los auxilios del Espiritu Santo, saludando reverentes 4 la castisima Marfa con las palabras del Angel: eS Ave Maria. 4

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