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SERMON SOBRE LA CASTIDAD. Crescite efymultiplicamini et replete terram... oon Creced y multiplicaos, y lenad la tierra... _ (Genes., cap. 1, vers. 28.) Cuando el hombre se empefia en abusar, no hay ob- jeto alguno visible 6 invisible que no sea revestido por su frenética imaginacion con colores degradantes. Los ‘mas bellos y puros manantiales de grandeza y de saber, son trasformados por su térvida mano en ciénagas in- mundas, y como el tosco bruto, igualmente se revuelca en el cristalino cauce, como en el hediondo desaguadero de una cloaca. Este asombroso fenédmeno que vieran rea- lizado en sus sabios los hombres que precedieron 4 la eivilizacion cristiana, y del cual fueran testigos todos los siglos que han seguido 4 la publicacion del Evangelio en muchos hombres fanatizados en el error de las sectas, no tiene otro principio que la depravacion del corazon; porque el espiritu humano es naturalmente despejado y amigo de la verdad, y no puede ménos de palpar lo bello y sublime do quiera que se encuentre; mas si el corazon se halla entregado a sentimientos innobles; si esta enca- potado en la sordidez de la avaricia; si nada entre las es— pumantes olas de la ambicion; si se rebulle entre la fé- tida inmundicia de la lujuria, concibe tan impulsivas fuerzas, que arrastra tras de si al espiritu, lo lleva como a » Mose *) 1 es
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