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379 la final trompeta; pues la trompeta sonara y los muertos resucitaran incorruptibles, y nosotros seremos muda- dos. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorruptibilidad ; y esto que es mortal se vista de in- mortalidad. Y cuando esto que es mortal se revista de in- mortalidad, enténces se cumplira esta profecia: «Tragada ha sido la muerte en la victoria:» A bdsorta est mors in vic- toria. ;Oh espectéculo el mas grandioso que han visto los siglos! Enténces el sagrado estandarte de la cruz, despues de haber sido el testigo del amor divino vilmen- te ultrajado por los réprobos, empezara 4 marchar de nuevo hacia el cielo; se ordenara aquella admirable pro- cesion de justos; se oiran canticos de jubilo al Cordero sin mancilla ; el tema de la musica celestial sera ento- nado por el primogénito de los muertos. «Tragada ha sido, dird, la muerte en la victoria.» Contestaran los mismos acentos los angeles y los justos. «Donde esta, continuara el primogénito entre los predestinados; gddnde esta joh muerte! tu victoria? Ubi est mors victoria tua? ,Dénde esta joh muerte! tu aguijon? Udi est mors stimulus tuus?» Yen medio de estas voces, semejantes al ruido de cien rios caudal osos que'se precipitan y al de mil citaras dies- tramente tocadas, ira subiendo 4 los cielos la inmensa muchedum bre de hombres en cuerpo y alma inmortales, quedando destruida al fin la enemiga muerte. Movissima autem inimica destruetur mors. _ Sefiores, nuestros cuerpos estan destinados 4 nutrirse eternamente con los frutos del arbol del Paraiso de que nos habla el discipule amado, cuya dulzura y suavidad no pueden explicar-ni el néctar, ni la ambrosia, ni los ex- quisitos manjares que inventara la acalorada poesia. ;Qué preferis ? ; Tener una hermosura eterna que excede al sol yalfirm amento, 6 una horrenda fealdad que no es compa- - rable con la de Jas mas hérridas arpias? ?Respirar los 4m- bares y perfumes exquisitos del cielo, 6 las azufrosas
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