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bit ‘ do; pero el hombre levanté con sus pecados actuales es- tas puertas, y queriéndole Dios sostener para que no ba- jase 4 tan horrenda morada, él se precipité. Diré, pues, en dos palabras, que Cristo vencié 4 la muerte, para que necesariamente salgamos de entre sus sombras 4 una vida inmortal, como EI salié del sepulcro. Por consiguien- te, por caducos y perecederos que sean nuestros cuerpos, ilevan en si el germen de la inmortalidad, que tendra tar- de 6 temprano su completo desarrollo. Diré mas: Cristo vencié aldemonio y al infierno; en una palabra, 4 la muer- te eterna, que es la segunda de que nos habla San Juan en su revelacion; pero para librarse de las horrendas fauces de este ménstruo, no basta la sola sangre de Dios, los solos méritos de Cristo. Estos nos ayudan, nos favo-, recen, lo hacen todo en nosotros, excepto el acto de yo- licion , que es exclusivamente del hombre despues de ha- ber sido excitado a él por la gracia-divina. Cooperando 4 los esfuerzos que Dios hace para vencer al infierno, esta- mos seguros de alcanzar una victoria completa sobre la muerte eterna. Qué consecuencia sacaremos de toda esta doctrina? Una consecuencia ensefiada por el derecho. Lo accesorio, dice un axioma de jurisprudencia, sigue la naturaleza de su principal. Si; en el hombre el cuerpo con la vida tem- poral es lo accesorio, mas esto tiene que seguir la natu- raleza de lo principal, que es elalma. Si esta gana una inmortalidad feliz, aquel tiene que seguirla necesaria- mente 4 las moradas de la dicha; si logra una eternidad desdichada, no le queda al cuerpo opcion alguna mas que acompaiiar para siempre 4 su principal. -4Veis, sefiores, de cuanta importancia es salvar nues- tros cuerpos? Vencer 4 la muerte del mismo modo y con las mismas miras y consecuencias que fuera vencida de Dios, gno es un asunto bien grave para el hombre, que tiene un cuerpo mortal por algun tiempo, inmortal’ por ; 4 we
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