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' 816 4Qué muerte es esta, amados mios? El infierno, la segun- da muerte, contra la cual no podia Dios pelear solo, pues tenia que ser ayudado de la cooperacion humana, en cuyo favor Dios ofrecié su vida en la Cruz. Creo que en este momento han sido bafiados nuestros espfritus con una luz copiosa. Jesus muriéd para destruir el imperio de la muerte, y si El resucité como lo creemos , necesariamen- te hemos de resucitar nosotros. Mas gresucitaremos to- dos del mismo modo? No, dice San Pablo; porque asi como en Adan mueren todos en Cristo, son vivificados todos, mas cada uno en su érden; y , por fin, para con- cluir mi argumento, diré con el mismo Dios: «Unos iran 4 la*vida perdurable, otros al fuego eterno.» Habra, pues, una resurreccion inmortal, gloriosa, feliz, en -la cual, como insintia el mismo Apdstol, nos asemejaremos por la claridad, agilidad, sutileza, impasibilidad y hermosura, al mismo Cristo resucitado. Habr4 tambien otra resurrec- cion inmortal, pero ignominiosa, infeliz y principio de una era de horror, de desesperacion, de llanto, de crujir de dientes, de revolcarse eternamente entre el estanque de azufre y fuego, y ésta es la segunda muerte, muerte inmortal, 4 que seran destinados los cuerpos de los ré- probos. Contra ésta no podia Jesucristo triunfar completa- mente. ,Y por qué? Porque la victoria pende no sdlo de la fuerza de la gracia , sino tambien de la cooperacion del libre albedrio. En vano Jesucristo muere en la Cruz, y crucifica su cuerpo enel madero. Si el hombre no quie- re morir al mundo, si no quiere crucificar su carne con los vicios y concupiscencias , Aquel hard cuanto esta de su parte para triunfar de la muerte eterna, y éste inuti- lizard por los abusos de su albedrio todos los esfuerzos del cielo. Dios, por su parte, desde el momento en que pro- metié al hombre un Redentor, cerré el lago del abismo con candados eternos; el infierno atin no tenia otros ha- bitantes que los Angeles rebeldes para quienes fuera cria-

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