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TS Pe 373 Razon tenia el sublime Agustin para afirmar que «la creencia en la resurreccion de los cuerpos, es la fé espe- cial de los cristianos,» y «que en nada se contradecia al Catolicismo con tanta fuerza como en negar esta resur- reccion.»» Si, nuestra victoria sobre la muerte es una con- secuencia necesaria de la victoria de Jesus, y nuestra asuncion 4 los cielos en cuerpo y alma. Gloriosa es tam- bien otra consecuencia que deduce admirablemente el mismo Apéstol con estas palabras: «Si creemos que Jesus murié y resucité, asi tambien creemos que Dios traera con Jesus 4 aquellos que durmieron por El.» Esto os de- cimos en palabra de Dios... porque el mismo Seiior, con» mandato y con voz de Arcangel y con trompeta de Dios, descendera del cielo: y los que murieran en Cristo resuci- tarén los primeros. Despues nosotros, los que quedamos aqui, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes... y asi estaremos para siempre con el Senor. Es decir , amados mios: el golpe que la muerte nos da, es transitorio y momentaneo; nuestros cuerpos se debili- tan y disuelven y pulverizan; mas no se anonadan en- teramente, estando como estamos asegurados de la vic- © toria sobre la triste parca. Establezcamos, pues, para nuestro consuelo esta verdad antes de desarrollaros toda la importancia de la salvacion del cuerpo. Esta carne, que agrava el espiritu, ha de ser un dia mas leve que una pluma; esta carne tosca y opaca, ha de ser esplen- dente como el sol; esta carne, que no es hoy mas que una aglomeracion de insectos de principios disol ventes, de corrupcion y fetidez, ha de gozar un dia el privilegio de la naturaleza espiritual, ha de ser incorruptible é in- mortal; este cuerpo, que nos arrastra ahora hacia !a tier- ra, ha.de subir un dia hacia el cielo, no como la brizna de débil papel que es envuelto entre los torbellinos de los vientos y elevado por la atmésfera sin érden, sino que como 4guila real volara hasta llegar 4 mirar de hito

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