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374i fueran para Jesucristo los tres dias que siguieron 4 su muerte , lo seran para nosotros los aflos 6 los siglos que -estemos confundidos en el polvo. La distancia importa poco , pues no existe sino para nosotros que por nuestra limitada comprension dividimos las edades en pasadas, presentes y futuras ; mas no para Dios, de quien decimos que ve lo.que hubo, lo que hay y lo que habra, no por- que haya para él algo pasado 6 futuro, sino porque es preciso hablar asi para entendernos. Dios no tiene mds que un momento de existencia, y este momento es lo pre- ‘sente, este momento es lo eterno, lo inmensurable; li- mites, porvénires, pretéritos, no los hay para Dios. Ra- ciocinemos, pues, para nuestro propio bien. El triunfo que consiguié Jesucristo sobre la muerte, dura’ y durara tanto comola mismaeternidad.;Sabeis para qué lo consi- guid? ; Ah! Voy a trasladaros de un teatro de sangre y de horror a otro de éxtasis y de gozo. Dejemos el Gélgota y vayamos al monte Olivete. ,No veis lo que pasa 4 los cuarenta dias de la resurreccioa de Jesus? En el mismo monte donde la sangre baiidra aquel cuerpo divino, oca- sionando un sudor copioso la angustia y agonia, va 4 representarse una escena que no se viera en cuatro mil aiios, ni se reproducira hasta el ultimo dia del mundo; ‘escena que llama tanto la atencion de los circunstantes, que todos quedan extaticos mirando al cielo , sin poder volver en si hasta que dos angeles les hablan. , Qué ha ~podido acaecer tan maravilloso y desusado para Ilenar 4 los Apéstoles y discipulus de un santo estupor? 4 Qué? Una trasformacion inaudita; el cuerpo, cuya naturaleza es la pesadez, la inclinacion hacia la tierra, ha perdido todas estas cualidades; en vez de gravitar como la ma- teria terrenal, quiere elevarse como el fuego; aquel mis— mo Jesus que viviera treinta y tres afios en la tierra, conversando con los hombres como uno de ellos , echa su bendicion 4 los discipulos,.les dice las ultimas palabras

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