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3 368 solador, del cual deducimos legitimamente que tene- mos que salvar 6 condenar para siempre 4 este cuerpo, que ahora agrava nuestra alma, y ha de ser por algun % tiempo compaiiero del polvo. Aqui no tiene lugar la duda, ni puede haber efugio para el incrédulo;la proposicion es de verdad eterna, demostrable 4 todas luces. Cual debe ser el partido 4 que nos adhiramos? Sefiores, el hombre mis sabio es el que mira con mas prudencia por sus pro- pios intereses: seamos, pues, del partido y del numero de los hombres cuerdos , y procuremos salvar nuestros. cuerpos, haciendo cuanto esta de nuestra parte para que un dia vuelen por los espacios hasta lo mAs alto del cie- lo; que Dios preparé al hombre. Para que miremos este ts negocio con la atencion de que es digno, sea este el asunto : de mi discurso y el objeto de vuestra atencion religiosa, ’ despues de saludar 4 Maria Santisima con el Arcangel. AvE Masts: Cuando he dicho que falta 4 Jesucristo conseguir en toda su latitud un triunfo, no he hecho mas que expri- mir mi sentimiento del divino Pablo. Esta victoria radi- calmente esta conseguida hace diez y nueve siglos; pero no ha podido tener atin su desarrollo y complemento.. Oidme, amados mios; recordad lo que ocurrié despues | que Jesus espird. Los Pontifices y sdbios de la Judea atin -, .._ yno estén contentos con haber dado muerte 4 Jesus: un terrible torcedor corroia sus corazones; habian conseguido apoderarse del Justo y llevarlo al patibulo; Jesus muere, sPodia temerse 4 un hombre ya difunto, embalsamado y encerrado en un sepulcro? Habia afirmado Jesus que des- pues de su muerte resucitaria 4 los tres dias. ,Podian te- mer que se Verificase la prediccion de un hombre que ellos tenian por sacrilego y fanatico, y ‘que moria bajo el terrible peso del anatema de la ley? En realidad, segun

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