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197 Nunca hubo momento de mayor confusion en el Saleen: entré en él Lucifer llevando la conyiccion de su derrota,y penetré en las lébregas moradas, atronandolas con sus bra- midos de desesperacion. {Dénde estais, va gritando, minis- tros indolentes de mi imperio? ;Dénde os hallais, protervos, inicuos, y malvados? ;Vosotros me servisteis con tanta fide- lidad en el: cielo, para levantarnos todos contra Dios, y ahora habeis sido en la tierra tan traidores, que no me ha- beis ayudado en nada? ;Tanto tiempo ha pasado entre los hombres’ esa muger, encubriendo con apariencias engafia- doras al hijo que tenia, y nadie de vosotros ha tenido astu- cia, para sorprenderla, en.algun coloquio siquiera, para’ haber sabido que era Madre de Dios? Esa muger me ha engafiado, me ha encubierto:la obra de. la redencion; yo la despreciaba como 4 una muger cualquiera, la vituperaba, porque era muger de un carpintero; crei que su Hijo, era — hijo del despreciable menestral, con quien estaba desposada. jEs posible que nadie de vosotros haya sabido nada en treinta aiios? ;Ministros cobardes! jEspiritus imbéciles! Nada hicimos en el cielo; nada hicimos en el paraiso: hemos per- dido nuestro imperio: no puedo soportar mi vergiienza y mi oprobio: nada me importaba que me hubiera vencido el - fuerte, el poderoso; el Dios de los ejércitos. Pero, juna. mu- ger! {Una muger de tan poco yaler en el mundo! ;Una mu- ger ha estrellado mi, cabeza, me ha dejado sin cetro, y me ha aherrojado entre estas Hamas! jAh, malditos de Dios! Ni quisisteis servirle 4 él, ni me habeis servido 4 mi: idos todos de mi presencia y escondeos entre los carbones encendidos, para que pagueis vuestra infidelidad. Asi bramé Lucifer, tirando contra la chusma de sus ministros su cetro, dividido en miles de astillas, eenneETEAIS en aquel instante sus AR mentos. Demas esta el due que en aquel momento se oyeron en el infierno los primeros alaridos de blasfemias contra el Dios ‘humanado, y de imprecacion contra la Virgen, odidndolos el demonio con encarnizamiento, por haber aquel tomado nuestra naturaleza, y por haber esta cooperado 4 esa obra de su infinita caridad. Entonces fué sin duda cuando la abrie-

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