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95 divina en la eternidad, de la armonia que tendrian ine sen- timientos del corazon leno de santidad y rectitud. ¥ bien podemos afirmar que con solo haber existido la Madre de Dios, habia lo bastante para alabar y bendecir 4 su Hijo por ‘ su omnipotencia y grandeza, pues hay tanta armonia en los afectos de su alma, que desaparecen ante ella todos los angeles con sus gerarquias y sus coros. Es preciso considerar, que no ha habido en el género hu- mano dos corazones, que se hayan amado tanto como el de Jesus y el de su Madre; mejor dicho, es preciso tener en cuenta, gue todo el amor de los angeles y de los hombres juntos comparado con aquel amor; es un témpano de hielo puesto en parangon con un volcan de. fuego. Tambien im- porta mucho no olvidarse, de que ningun hombre ha amado | su propia vida . tanto, como Jesucristo, porque era de un-va- . lor infinito y no podia menos de amarla segun.su dignidad; — ni tampoco ha habido madre, ni puede haberla, que haya amado la vida de su hijo como la Virgen, porque su Hijo solo vale mas que todos los hombres juntos. La maternidad: divina entrafiaba todo esto, un conocimiento casi ilimitado de su propia dignidad por tener un Hijo Dios, y un amor cor- respondiente 4 la misma dignidad y 4 las relaciones de filia- cion y maternidad, que se entablaban entre Dios y su Madre. Cudles y cudntos sean los quilates de este conocimiento y de este amor, es eso un secreto, que no ) puede llegar 4 compren- der nadie mas que la misma Virgen, porque es Madre y es necesario serlo para 1 comprenderlo; y en. verdad, el amor de una Madre 2 que tiene un ‘Hijo. Deanna solo puede sentirlo la ; misma ‘Virgen. y comprenderlo totalmente el mismo Dios. Otra. cosa entrafiaba ademas esta dignidad y era el tener un conocimiento cabal del motivo por que Dios se habia he- cho hombre; pues asi como el Hijo traia del cielo el manda- miento del Padre de morir por el mundo, asi era necesario que la Madre supiese tambien que tenia que enitregar 4, ese su Hijo 4 quien tanto amaba, para que diese su vida en sa- crificio por los pecadores. Y en efecto, la Virgen compren- dig al poco de ser Madre, que su Hijo tenia que ser el blanco de las iras de los malos, y que ella misma se veria con el (

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