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la luna, que esta mirando de hito.en hito a ese sol, en quien ‘ reconoce el principio de la luz que recibe , a quien vive agrade- 4 cida por las gracias quela dispensa, y 4 quien ruega sin cesar 4 que jamas,deje de iluminarla. El profetg Isaias habia dicho, ha- blando de jos dones inefables que habia derecibir el pueblo de Jos santos, que cuando viniesen los tiempos , que habia de formar el Sefior para si, su sol no se. pondria; ni padeceria menguante su luna, porque el Sefor seria para 6l luz sempiterna *..; Qué sol es este que nunca se pone para ese pueblo santo, sino Jesu- cristo , cuyos resplandores de gracia no se extinguen jamas? P {Qué luna es esa que no conoce menguante, sino su Iglesia santa, que aparece siempre dlena, porque esta como inmoble en frente de su sol de justicia, que la ilumina y la da vida sin cesar? Descrita esta, pues, la base que sostiene esa vida lozana de la Iglesia catdlica, unida intimamente con,su cabeza invisible, que_es Cristo. Digamos algo , pues despues tratarémos 4m- pliamente ese punto, sobre lo que pasa en el alma de cada hombre que es santificado , yuna vez dicho lo que entraiia el contacto del hombre con Dios por medio de la gracia, compren- derémos lo que sucede en el érden exterior del cuerpo visi- ble de la, Iglesia, unido en caridad con la cabeza vistble de ese mismo cuerpo. Es evidente que , naciendo todos los hombres en eahada de perdicion, por yenir manchados con el reato de la culpa origi- nal, ninguno puede ser amigo de Dios, si no es cancelado el reato de la culpa: y que éste no puede ser borrado, si una mano, | tan misericordiosa como omnipotente, no le arranca la vestidu- ra del pecado, y no le reviste en seguida de Ja estola de la ino- cencia. Solo Jesucristo puede dar esta gracia: si la hemos de conservar, es preciso que estemos unidos al mismo Jesucristo; pues El misnio nos dice que nadie va a su Padre, sino por El *; * Ts. cap. LX. v. 20. 2 Joan. cap: MV. v. 6.

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