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« ly ‘. ayes 1 yee 2, IL. La generacion espiritual. . La materia presente demanda necesariamente algunos pre- liminares , para poder llegar 4 comprenderla con toda perspi- cuidad. Vamos a hablar de generacion, y es preciso por lo tanto decir antes, que hay un esposo y una esposa, pues sin ese re- quisito no puede haber hijos, ni saberse cémo han nacido estos. Para esto nos vemos en el caso de decir en comperdio lo que no cabe en muchos volimenes, pues si hubiese de decirse todo, era necesario referir todas las paginas de los Profetas, relativas ala nueya Jerusalen, 4 la nueva Sion, al pueblo nuevo que Dios debia fundar, y con el cual haria un paclo muy diferente del que hizo con su pueblo antiguo, pues el primero tuvo corazon de piedra, muy duro para que se imprimiesen en él los precep- los de la Ley, y el segundo, lo tendria de carne, muy blando, por consiguiente, para recibir la ley de amor que Dios Je habia de dar ‘. Empecemos, pues, por repelir lo que el Espiritu Santo anuncié por Isaias. Hablaba Dios por medio de este profeta, y hablaba con una muger, 4 quien llama su querida, desde los dias de su juven- tud. Deciala, que no temiese; que tendria muchos hijos,, y que su descendencia seiiorearia las naciones; que, por mas que se conmoviesen los montes y se estremeciesen los collados, su mi- sericordia no se apartaria de ella, y que seria firme la alianza que haria con ella, y concluia dirigiéndola estas palabras: po- brecilla, combatida por la tempestad, privada de todo consue- lo; mira, yo mismo colocaré por érden las piedras, y le edi- ficaré sobre zafiros, y haré de jaspe tus baluartes y de piedras ‘ Ezech. cap. XI. v. 19.
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