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Lh prs 5M a awa SS 8 2 as E or see Raat aD EN ct aR Raa nombre , porque tiene consorcio en Ja obra. Pedro pone el ci- miento, Pedro planta: el Sefior da incremento, el Sefior sumi- nistra el riego. He aqui, porqué hay tantos sabios eminentes, pero todos unanimes en la doctrina, en Ja Iglesia de Cristo , por- que el contraste de la veracidad de esta, y el saber si es tierra a oro, no depende de la légica del individuo particular, sino del magisterio que Cristo instituyé en su Iglesia, y singularmente en el supremo y universal, que did 4 Pedro.» De ahi resulta, repetimos, esa unidad admirable, que no han podido romper los hereges de diez y nueve siglos: de ahi “ese contacto, verdaderamente divino, en que el infimo de los fieles esta con Dios en érden 4 la fe: el simple fiel oye al mi- nistro que le ensefia la fe revelada: este ministro la recibe del obispo, puesto por el Espiritu Santo para regir la parte del re- bafio que se le ha encomendado; el obispo la oye de los labios del Pastor universal : el Pastor universal la oye de Cristo : Cristo la oyé de su mismo Padre que lo envid , y por este encadena- miento celestial , todo el que cree sube al cielo. Es esta la escala que vid Jacob, por la cual se sube paso 4 paso: el primero se da en la tierra; el ultimo en el cielo. Hay que desengaiarse: solo de esa manera se tiene la dicha de creer en Jesucristo y de salvarse, uniendo 4 la fe las obras animadas por la caridad. Vamos, pues, ahora 4 examinar lo que a primera vista apa- rece cosa fenomenal, cual es, que se parezcan tanto en todas sus circunstancias los sucesores de los Apdstoles a estos , y los sacerdotes de los tiempos medios y extremos a los de los primi- livos. El fendmeno no sera fendmeno, sino un efecto propio de la causa que lo produce.

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