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de Aquino y de Villanueva, los Canos, los Palafoxes, los In- guanzos, los Velez y otros mil, cuya sabiduria brilla en el cie- lo de Ja Iglesia y en el horizonte de la humanidad, como bri- llan las estrellas de primer érden en lo mas elevado del firma— mento. Parece esto , repetimos, un fendmeno, pero no lo es, como lo verémos mas adelante. Empero, debemos decir ahora, que todo esto proviene del principio de autoridad, que Jesucris- to colocé en el primer gerarca de su reino, pues en esa piedra estriban precisamente Ja unidad de doctrina, y la mas comple- ta conformidad en Ja ensefanza. Esos mismos sabios lo han ensefiado asi: San Gerdnimo dijo - en una sola sentencia cual es el origen de esa unidad, hablan- do al papa San Damaso: Yo, decia, me uno enteramente4 tu Bea- titud ; decid lo que hemos de ensenar , y ya no temerémos errar en nuestra doctrina. El profeta Isaias, hablando de la nueva Sion que el ungido de Dios habia de edificar , dice, que los que han de habilar en ella, se llamaran los valientes en la justicia, plantio del Senor para gloria suya ‘. Pero este plantio del Se- = flor, que habia de formar un vergel, inmenso por la muche- dumbre de sus arbustos cargados de flores y de frutas, habia de salir todo él de la solicitud que tuviese una sola mano en arro- jar la semilla que los habia de producir. ;Es esta mano wnica- mente la del Sefor? No, dice San Pablo: Yo planté , dice, pero Dios did el incremento *. Era, pues, la mano del hombre la que habia de plantar. Pero, ,quién es este hombre? Oigamos cémo lo seiiala con el dedo San Agustin, hablando del prinei- pado supremo de San Pedro: « Pedro, dice *, es llamado pie- dra, porque es como un pefiasco inmoble, que sostiene toda la estructura y la mole del edificio de Cristo, Cristo era la piedra, y con toda propiedad entra Pedro en consorcio con Cristo en e! * Ts. cap. LXI. v. 3. * 1." Cor. cap. Ill. v. 6. * Serm. de Cathed. Petr.
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