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Gregorio, Clemente , Benedicto y Pio, que en Lino, en Gleto y en Silverio. Todavia no ha salido un solo hombre de la presen- cia de estos séres venerables, a quien se le haya entregado es- pada 6 lanza, para que fueran a alguna region a plantar la fe de Cristo: la cruz y el Evangelio son las arras de su mision; y la garantia de su viaje, de su empresa, y de su victoria, aque- lias palabras sublimes de Cristo, que el mundo no ha compren- _ dido todavia: Jd, os envio como corderos entre lobos : sed pru- dentes como las serpientes y sencillos como las palomas '. Mucho ménos se ha echado mano de la fuerza para conquis- tar el mundo de las inteligencias , ni se ha obligado al infiel 6 al pagano a que crea por fuerza, 6 al creyente a que perma- nezca por violencia y coaccion en la fe recibida. Pero tampoco han faltado la fuerza y la virtud necesarias, para decir al re- belde, al herege, al apdstata y al cismatico que, persistiendo en su contumacia, no tienen parte en el reino de Dios, nienla herencia de Cristo, ni estan en comunion con los santos: pues asi lo prescribié Jesucristo *, y asi lo confirmé San Pablo cuan- do dijo: Si alguno no ama 4 nuestro Seior Jesucristo , sea ex- comulgado, perpétuamente execrable °. Una cosa admirable sucede en esta Iglesia, y es que se asemejan entre si los que componen su gerarquia de tal mane- ra, que no discrepan en un apice los Obispos de los primeros tiempos con los de las edades siguientes, por remotas que estas sean, tan pronto como se trata de defender la verdad, y de sostener las leyes de la misma Iglesia y su independencia de las potestades del siglo. Parece esto una especie de fendmeno: todo varia en la sociedad, se muda todo, y hasta la naturale- za humana parece que tiene ya ciertos ribetes de vetustez, y demuestra cierta decadencia. Las ciencias mismas se resienten de esta declinacion, pues miéntras los siglos pasados, y mucho * Mat. cap. X. v. 16. 2 Mat. cap. XVIII. ¥. 47. 2 4." Cor. cap. 16. v. 22.

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