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| ee gerarquia de esa Iglesia, ora porlo que proviene de Dios, ora por lo que pertenece 4 la cooperacion de los hombres: y eso - solo bastara, para que los impios y racionalistas queden convic- tos de su crimen en atacarla , aunque, como buenos discipulos del padre de todo error, no Jo confiesen. g. I. , Una sentencia de Jesucristo. Una de las admirables propiedades de la religion catdlica es , el no temer ser puesta en tela de juicio, el mas riguroso que quiera eslablecerse sobre su veracidad: pues cuanto mas se la examina, mas enamora al corazon recto, é inspira mas convic- ciones al animo sincero. Asi, jamas ha temido abocarse con sus mas encarnizados enemigos, para que oyeran la doctrina que ensefia y las verdades que predica: porque esta cierta de que en toda discusion sobre su origen, su fundacion, sus mis- lerios , su fundador, sus maximas, sus preceptos, sus leyes, su institucion, sus virtudes, su pureza y su santidad, ha de decir Ja verdad, y por consiguiente ha de salir victoriosa. No teme a sus enemigos: y asi es, que ha hecho en todas las épo- cas lo mismo que ha hecho, hace cinco afios, el actual Sumo Pontifice , amando 4 los cismaticos y hereges, y convidando- los & que se acercasen a oir su voz, esa voz de la verdad que representa al Hijo de Dios en la tierra ensefiandosela 4 los hom- bres. El gran Pio invitd al Concilio ecuménico 4 todos los Obispos cismaticos de Oriente ‘, asi como el beato Gregorio X. los convidaba en el siglo décimotercero 4 que asistiesen al Con- duros , hechos , medio hechos , en boton, en ciernes y en flor, solo es propia de la Iglesia catélica que engendra siempre y siempre queda virgen. ‘ Litier, A post. Arcano divine Providentia. die VIII. Sept. 1868. ; | .

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