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; — 323— dicho , 4 pesar de haber sido explorados todos los continentes y todas las islas del globo, y de haber sido examinadas todas las tradiciones de sus habitantes , en qué region, en qué para- je, en qué ciudad se inventd la religion , y en qué época tuvo lugar un acontecimiento tan, memorable. Pero, no nos Jo. diran jamas : esos sabios ignorantes son hoy, fueron ayer, y seran siempre, lo que dice el Apdstol*, hombres cubiertos de sarna moral, que produce en sus almas una comezon que los devora, la de inventar cosas nuevas. Nosotros, por tanto, que por la misericordia divina no pa- decemos esa comezon , sino que estamos firmes en la fe: nos- otros que, como catdlicos, sabemos con toda certeza la época en que fué fundada la Iglesia, la ciudad en donde empezo a pre- dicar Ja buena nueva de la venida de! reino de Dios su divino Fundagor: nosotros, que sabemos lo que El dijo sobre su Iglesia, y donde lo dijo, y en presencia de quiénes lo dijo : nosotros, que vemos con toda claridad Yy que sabemos no solo por la palabra de Cristo, sino tambien por infalibi— lidad humana, infalibilidad innegable, que proviene de una experiencia de diez y ocho siglos, que la palabra de Cristo se ha cumplido : nosotros, por fin, que sabemos que ya no te- nemos capacidad bastante, para contar los frutos que la Iglesia ha producido precisamente en los individuos que forman su ge- rarquia : nosotros, que sabemos que la Iglesia caldlica es, en su modo de producir, una palmera que tiene al mismo tiempo frutos maduros, medio hechos, mas tiernos, otros que han cuajado, otros en flor y otros en ciernes*: nosotros que sabemos todo eso, vamos 4 examinar el porqué de la perennidad de la ' 2. Tim. cap. IV. v. 4. * Asiel Espiritu Santo la compara 4 la palma frondosa de Cades (Eccle. cap. XXIV. vy. 18,). AsiJob (cap. XXIX. y. 18.), decia que mul- tiplicaria sus dias como la palma, sicut palma multiplicabo dies meos. Esa fecundidad, esa simultaneidad de frutos sazonados, ma-

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