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€ —si= trina’ que le adorna, antes de imponerle las*manos '. ~ Jesucristo; por tanto, establecié por si mismo la primera cohdicion que ha de haber en el hombre, para entrar a formar en el cuerpo de la gerarquia santa de la Iglesia, y esta condi- cion tah esencial es la vocacion por parte de Dios mismo al sa- cerdocio. Es un espiritu especial el que ha de adornar al sacer- doté, por medio del cual seha de diferenciar de todos los de- mas hombres; y este espirilu no es de temor, sino de amor, de virtud, de sobriedad y de castidad, como dice el Apédstol *- Cuando los Apéstoles tuvieron este espirilu , Jesucristo los or- dené sacerdotes; les did la potestad judiciaria para perdonar los pecados, y les encargé la conversion del mundo entero por ‘medio de la predicacion. Pues qué, {es pequefo el cargo anejo a la dignidad sacer- dotal, para que el hombre lo tome por propia inspiracion y no por la de Dios? El simple ofivio de sacrificador, destinado a ofre- cer una Victima por los pecados, jno es bastante grande para que necesile la eleccion divina? ; Guanto mas necesario tendra que serlo, siendo la viclima que se ha de ofrecer el cuerpo y sangre del mismo Hijo de Dios! El sacerdote bendice, alaba a Dios, le da gracias, consagra el cuerpo de Cristo; y cuando llega el momento de este acto , ¢quién de los fieles ignora, dice San Gregorio Magno *, que, al hablar el sacerdote, se abren los cielos, asistiendo los cores de los angeles al misteriode Cristo, y se unen las cosas sumas cen las. infimas.,, las celes- tiales con las torvenales, y que lo invisible y lo visible. se jue tan en uno? °Y si es inefable lo que hace, no ty es eas lo. queak, ‘euando tiene que anunciar la palabra: sagrada & Jos hombres. El dnyel »é el nuncio, dice San Juan Crisdstomo *), .no tiene ‘ Concil. Trid. sess, 23. + Lib. 4. Dialogor. cap: LVIIL 2 2. Timot. cap.I.v. 7. 4 In Epist. ad Roman. cap. 1. v. 8.
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