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he las puertas del infierno no prevalecerianccontra él, porque tam- bien él era piedra angular cimentada en Cristo. Dijo ademas Jesucristo hablando de si: Yo soy la puerta, “quien por mé en- trare, serd silvo , y entrard y saldré y hallard pastos‘, pues tho taht segura’ 6 Pedro, & quien da las Haves del reino de los’ cielos: Cristo es la puerta, pero es Pedro quien la ha de abrir, 6 cerrar: 4 quien Pedro abra, entrara; ‘4 quien cierre, no ehtrara: porque lo que él haga 6 deshaga en ‘la tierra y con cada uno de los hombres pertenecientes al reino de Cristo has- ta el' momento de su salida de este mundo, éso mismo hard 6 deshara Dios en los cielos. He ahi en dos palabras la elevacion gerarquica de Pedro: Jesucristo y él son una misma personali- dad moral para él fandamenlo de la Iglesia, para su ‘gobierno, y para el sostenimiento de la fe. — Mucha era la luz que habia iluminado 4 los Apésiols sobre la cabeza gerarquica de la Iglesia, con las palabras que habia dirigido 4 Pedro en presencia de todos ellos. De ahi es, que no solo en el concepto de ellos mismos , sino tambien en el del pue- blo, Pedro empezé a pasat por el primero de los Apdstoles, como se ve 4 cada paso por las interpelaciones que le dirigian las gentes *:'y daba lugar 4 esto el mismo Jesus, no solo por lo que le habia dicho en Cesaréa, sino porque ademas le diri- gia continuamente la palabra, cuando determinaba que su co- legio apostolico emitiese su opinion sobre las cosas que veian ti oian. Sin embargo , todavia faltaba mucho que decirle a Pedro, sobré todo respecto de las relaciones que él habia de tener con sus hermanos, y éstos con él. Pero la sabiduria divina tenia reservada esta maniféstacion para tin thotiento admirable, en el cial reitiaria entre el Maestro y los discipulos una expansion de amor nunca Vista, y harian éstos las protestas mas vehemen- tes de adhesion & su persona, jurando todos, que estaban dis- ' Joan, cap. X. v. 9. ‘Mal. cap. XVIl. v. 93.

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