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— personas, en cosas, en simbolos y en tipos por espacio de cua- renla siglos, que precedieron a su ejecucion, era lo que Jesu- cristo iba a poner en planta. Iba a fundar su reino sobre la tierra; reino mas real y verdadero que eb de los reyes de este mundo, y tan visible como cualquiera de eses, que vemos con los ojos y palpamos cen los sentidos. Vamos.a recorrer los pasos de la vida de Cristo, y a oir de sus labios los preceptos que da asus Apdéstoles sobre la fundacion de sw reino, y bastara esto para que se nes ponga de, manifiesto eb porqué de la consisten- cia inquebrantable d l reino de Cristo en la tierra. 2. If. La monarquia de Cristo. Desde que Jesucristo empezé a llamar a los Apdstoles , em- pezé tambien a descubrirles un pensamiento que téfiia oculto en su corazon, y lo hizo no solo con sabiduria celestial sino con una dispensacion econdmica, propia de esa misma sabidu- ria infinita. Eran bos Apéstoles unos pescadores rudos, que no habian frecuentado las escuelas, y mucho ménos aquellas, en las cuales no solo se estudiaban las Escrituras, sino los moda- les finos, propios de la sociedad hebrea , en la cual habia sena- dores, doctores de la ley y ricos hombres. Poseian los Apdsto- les las maneras populares, y en malterias de religion, los cono- cimientos que eran comunes al‘ pueblo proletario , que oia la ex- plicacion de la ley, de los salmos-y de los profetas una vez cada semana en la Sinagoga de su lugar, y continuamente en el hogar doméstico, segun habia ordenado Moisés ‘. Despues verémos que los Apdstoles sabian muchas cosas en este particular : pero los judios no conservaban entdnces el conocimiento perfecto de las profecias relativas al Mesias, a quien esperaban como aunrey opulento y poderoso, que habia de levantar de nuevo el trono y reino temporal de David, y habia de arrojar de la Palestina al ' Deut. cap. VI. v. 17,
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