BCCPAM000539-2-03000000000000

_ 230— Santo gobierna a su Esposa ahora que entonces; y esta ha reci- bido de las manos de los Apéstoles lo que éstos recibieron de su divino Maestro, y de la inspiracion del Espiritu Santo, que Jesucristo les prometié que habia de venir sobre ellos para en- fiarles toda verdad, y fijar, ademas, para siempre en sus men- tes cuanto Elles habia dicho y les tenia que decir*. Pero, ,qué ciencia tenian los Apdstoles sobre las cualidades inherentes a sus personas? La de la legitimidad divina de su mision ; la de saber que, por un deber anejo a su oficio y dignidad, tenian que ensefiar y gobernara los fieles, tenian que presidir en la Iglesia, y amonestar y corregir a los discolos , usando de la potes- tad que habian recibido de Cristo para edificacion de los buenos, y para humillar 4 todo entendimiento que se levantase contra la ciencia de Dios, como dice el Apéstol *. 7 Hemos visto la semejanza de unos hombres con otros, y ahora nos toca ver la conformidad de la palabra con la obra, y de lo anunciado c n lo ejecutado respecto de la gran monar- quia cuyas leyes constilutivas hemos de examinar. No era cosa nueva cuando Tesucristo empezé & ensefiar, el hablar del reino de Dios, pero de un reino que habia de fundar y eslablecer entre los hombres viadores: ni debid sorprender mucho a los descendientes de Jacob, el oir de los labios de Cris- to que el reino de’ Dios estaba dentro de ellos *: pues tenian muy expreso en sus libros sagrados, lo que este patriarca habia manifestado 4 sus hijos.en los wllimos instantes de su vida. La tribu de Juda era Ja que habia de empuiar el cetro hasta que viniese el Mesias, el gran rey cuyas cualidades describe el. mismo patriarea moribundo *, El pueblo escogido tenia conocimiento claro y dislinio del reino de David, que se habia de levantar de nuevo, despues de ' Joan, cap. XIV. y. 26, 5 Lwe. cap. XVII. v. 24, * 2° Cor, cap. Xe Ve os ‘ Gén. cap. XLIX. v. 44. 42,

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz