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— 259 — reyes, stibdilos, sacerdotes, pueblo. Sin estas: relaciones que Dios mismo establecié , basandolas en principios elernos de ver- dad y justicia: sin estos principios que dirigen la sociedad , ja- mas habria ésla llegado a ser lo que es: se habria descendido de la ignorancia al idiotismo,, del idiotismo a la estupidez, dela eslupidez al salyagismo, y del anem a la ferocidad de las fieras. Las reglas por tanto de la politica, con que se ha de dirigir la sociedad humana, existen desde la eternidad , teniendo una ten- dencia doble, la de guiar en sus acciones a cada individuo, y la de gobernar el .conjunto de la misma sociedad. Consisten es- las reglas en que, ora en el individuo como individno, ora en el personado, cualquiera que sea su denominacion, estén sus ac- ciones fundadas en verdad y justicia, como en dos ejes, sobre los cuales ha de moverse el gran cuerpo social. Asi pertenece a la politica individual cuanto Dios nos manda observar en los preceptos del Decalogo , y cuanto su Hijo nos prescribe en su Evangelio, el cual no es en su parte doctrinal mas que un co- mentario legal de los dichos preceptos , interpretailos antes ma- lamente por hombres corrompidos , pero puestos en toda clari- dad por el mismo legislador que los did en. el Sinai. Esta politica individual prescribe4 cada, uno de los hombres la constancia en Ja verdad, prohibiéndole la yersatilidad en ad- herirse & toda clase de doctrinas, y mandandole que siga la ver- dad y la justicia.. Esta es la politica sagrada que practicaron siempre los creyentes, y la que San Pablo insintia que observd cuando dice: me he hecho todo para todos.‘. Pero hay que no- lar que no es lo. mismo hacerse todo para todos, que hacerse todo.con todos: los hombres de la mala politica , de la politica de la mentira, dela hipocresia y la simulacion, son imitadores per- fectos de los camaleones , de quienes se dice que foman el color ‘4. Cor. cap. X..v. 2.
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