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406 CARTAS DEL BEATO DIEGO con caridad y ardor de los presentes errores y de nuestra obligación contra ellos. De su fruto puedo hablar poco, no obstante, que es gravísima la nece- sidad que hay por este reino, por lo mucho que se ha propagado, aun entre la gente pobre, esta infer- nal semilla. Sólo he sabido que oyéndome en Vigo un hombre, cuando combatía con ardor los desórde- nes presentes, dijo después sus deseos de hacerme callar con un golpe que ni aun pudiese decir Jesús; el que no le permitió la ejecución de su intento, Cuando me lo avisaron, estando ya fuera de aquel pueblo, hizo la carne alguna pequeña demostración de flaqueza; pero el Señor me ha asistido para que después predique los mismos asuntos con igual ó con mayor esfuerzo. En Santiago tuve, entre otros efectos que ignoramos, el de los adjuntos pasquines, que amanecieron multiplicados la segunda mañana después de concluida la misión (1). Aquel Ilmo. Ca- bildo hizo las más particulares demostraciones de aprecio de la palabra de Dios, así en particular como en común; tanto, que me incorporaron en su comu- nidad y me dieron en su coro la primera silla des- pués de las tres dignidades y la gracia extraordina- ria de decir un día misa sobre el sepulcro del santo Apóstol. Los concursos fueron grandes, mas la mo- ción no ha sido notable, comparada con la que en otros reinos hemos visto. Mi interior sigue en mi habitual disipación, que tiene justamente merecida. El buen deseo me parece que no falta y que la intención es recta y purificada 1) Cartagena y Galicia fueron los puntos que recibie ron la predicación del nuevo apóstol con menos rendimiento, En uno y en otro punto hubo gritos subversivos, amenazas y hasta pasquines, y si bien fueron sofocados aquellos co hatos de motines, quedaron los ánimos amortiguados, para luego estallar con más violencia en 1835,

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