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176 CARTAS DEL Baro DriEGO te particular no sé qué decirle, sino que no tengo los cuadernos de las conclusiones, y por eso me es imposible proporcionarle que las lea; sólo diré que es público y notorio en Zaragoza que lo escrito en las conclusiones no es tan notable como lo fué el modo con que las defendió; y según esto me pa- reció que mi censura no excedia de las reglas que po- nen los teólogos; las que tuve á la vista para evitar alguna equivocación en su aplicación. Amadisimo P. mío, esto iba escribiendo cuando me traen la muy apreciable de V, de veinte y siete del pasado, de la que le doy infinitas gracias porque con ella ha disipado mis gravísimos temores sobre la misión omitida en Barcelona. Dios se lo pague á V. Ya el religioso compañero (no el Padre Otura) que allí tuye ó llevé de Zaragoza que me instó fuer- temente porque me detuviese, me escribe asegurán- dome ha convenido que fué bien hecha la huida. Y mi P. Provincial de Andalucía me avisó en el si- guiente correo porque no quería precisarme á seme- jantes detenciones, con lo «jue, gloria á Dios, salí ya de este cuidado que tanto me oprimía, De Madrid me han enviado el impreso que V. mecita sobre los asuntos de Zaragoza, y me pa- rece que ni levemente han movido mi corazón. Ben- dito Dios, que así sostiene mi gran miseria. Haré diligencia de los cuadernos de las conclusiones, aunque me consta que es muy dificil de encontrarlos, Remito á V, los impresos de la confraternidad de nuestra Madre del Pilar para mi venerado abue- lo y hermana á quien me ofrezco de corazón, y ya con ellos la carta prometida y olvidada en las dos antecedentes. Aquí permaneceré, no ocurriendo novedad, has- ta el día doce en que saldré para Alicante. En Lor- ca no haré misión porque mi P. Provincial no me
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