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170 CARTAS DEL Beato DriEGO predicarles, supuesto que en las iglesias era impo- sible en atención á lo que en las plazas sucedía. Con esto dispuse mi viaje á ésta para el día siguien- te por la tarde y ya al ir á comer para marchar llegó 2.* carta de mi P Provincial en que contra lo queen la primera me había encargado, de que pro- curase no faltar á estar aquí estas carnestolendas, me decía permaneciese allí el tiempo que aquellos señores quisiesen, sin hacer falta á las demás mi- siones apalabradas. Esta nueva orden me puso en mucha apretura interior, y no obstante ella, resol- ví el venirme. En esto me sirve de una aflicción gra- vísima el pensar si por esto falté algo á la obediencia 6 dí algún escándalo á los padres de aquella comu nidad, aunque les hice presente la orden anterior que dejo referida, y el por qué escribía el P. en aquellos términos que era por la urbanidad de contestará sus instancias; pero principalmente me aflige el pensar siel no haberme quedado á empezar de nueyo la misión, resistí á la voluntad de Dios y le usurpé la mucha gloria, que sin duda le resultaría de las in- numerables culpas que en este carnaval se habrían evitado mediante la buena singularísima disposi- p ción que todos manifestaban. Todo esto me ha teni- do y tiene en una prensa, de suerte que, me parece perdido todo lo demás, si en la verdad he sido de- fectuoso en esto sólo Varias razones fuera de las apuntadas me inclinaron á lo que me hice; pero so- brepuja no obstante mi temor y mi congoja. La ex- A NA NN 4 abominaba el blafemo su prevaricación antigua, y diez mil oyentes rompíau 4un tiempo en lágrimas y sollozos.» Y en 24 pagina siguiente entre otros elogios leemos: «Orador más popular en todos los sentidos de la palabra, nunca lo hubo.» Y es verdad; á lo menos, de ningún otro leermuos-que haya tenido un auditorio de más de cincuenta mil almas, cifra cre cidisima comparada con las que hoy vemos. Esto, aparte los señalados triunfos que conseguía.

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