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Año 1787 167 día ocho y el siguiente principié mi tarea que debo concluir mañana, porque el señor Arzobispo, cuyos son estos pueblos, lo dispuso así. Omito decir la de- voción de todas estas gentes porque no cabe en pa- labras; algo diré, no el todo; sí aseguro que ni en las acciones, ni en las expresiones harémos más con los que veneramos en los altares. El interior sigue con paz muy considerable; pero excusando lo que se puede. No sé que en estos pueblos haya vcurrido cosa extraordinaria. En Zaragoza, supe que el Sr. Arzo- bispo nombró á los señores canónigos y al Vicario eclesiástico de la Iglesia del Pilar para que toma- sen información de algunas misericordias de Dios sucedidas con algunos enfermos, un sordo, un bal. dado y nosé que más. Sea Dios por todo glori- ficado (1). No puedo negar que mi corazón se deshace por ser un instrumento visible de su gloria. De mi acu- sación á Madrid, por la delación que hice en las pláticas al clero de las cuatro proposiciones que á V. dije, nada ha resultado que yo sepa. El informe que pidió el consejo á aquella Real Audiencia no sé cual haya sido; sóo sé que se han tomado decla. raciones á cuarenta ó más sacerdotes seculares y regulares. Yo lo avisé al padre confesor, y este me responde que no tenga cuidado porque estará á la vista, y que esté cierto no sucederá en esta o asión, lo quecon las terceras partes, que la delación es muy hecha. Yo la envié una copia de la que de or- den del Sr. Arzobispo hice por escrito; la que no 1) Estas delicadas cuestiones de milagros las tocó el sa bio misionero con singular cuidado, efecto de su profunda humildad; y cierto, que á no habérselo mandado tan seria mente sus prudentes directores, no hubiera dicho sobre ellos ni una palabra.

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