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160 CARTAS DEL BEaTo DIEGO tórrago está casi perdido y las fuerzas algo escasas. En este acaecimiento y en mis habiluales maleci- llos, me dió su Majestad y me da una serenidad no- table y un gusto particular que no me deja ni aun desear la salud, sino sólo, que esto y lo que quiera enviarme no me falten. Benditas sean sus miseri- cordias. Cuando me dió e! accidente en el púlpito se conmovió todo el concurso con un gran llanto, y después siguen dando pruebas que es bien recibi- da la misión. La conmoción es considerable y, mediante Dios, nos prometemos mucho fruto. De él diré á V. más adelante. El estilo de la predicación es eficaz y per- suasivo, abundante, fuerte y fácil, pero con amabi- lidad y dulzura, los actos de contrición tiernos, ve- hementes y penetrantes. Su Majestad lo hace todo, y yo se lo aviso á V. para que nada ignore de mí. El interior no está muy de remate; pero sí muy tonto, y sin dejar de dormirme en la oración. Con el motivo de lo ocurrido en el primer sermón, no he vuelto á usar el cilicio de la cintura (1) y sólo uso los de los muslos que excusaré cuando me parezca ó conozca que estorban. Ya digo que no ayuno ni sigo las abstinencias, por lo que inferirá V. que nada hago sino regalarme. Si mis males siguen, estoy en ánimo de volver- me por "Valencia, Murcia, de. sin hacer muchas mi- siones en Cataluña, El P. Fray Miguel, mi compa- fiero, sigue en cama, con tan fuerte erisipela en la pierna derecha, que se la han abierto por tres par- tes, y aun no se mejora. Dicen es curación muy larga. Reciba V. sus memorias y délas en mi nom- bre á mi venerable abuelo y á mi buena hermana. 1) Este cilicio de alambre se conserva en la Celda-Ca- pilla del Beato Diego, que está en el Convento de Capuchi- nos de Sevilla. Mide 0,72 por 0,12 centímetros.

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