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158 CARTAS DEL BEATO DrEGO á ver al Sr. Arzobispo quien no ha querido se em- piece esta tarea hasta pasado mañana, que será en la Iglesia del Pilar por diez tardes contínuas; y luego en otras partes, de modo que según pare ce me detendrán aquí mucho más de lo que habían pensudo. El pueblo ha empezado ya á conmoverse porque su Majestad se ha servido enviar una lluvia copio- sísima desde ayer de que había gran falta y hacían ya rogativas por ella. Yo pedí á su Majestad se dig- nase usar de su misericordia y significar con ella lo que para la misión le suplicamos. En ella, P. mío, se yan presentando algunas desazoncillas (1) que aunque leves labran bastante, porque no se acomo- dan acá con algunas cosas que se juzguan útiles'é importantes: callo y dejo obrar á Dios esperando el tiempo oportuno ó que sea de su agrado. El día que llegué, recibí la muy apreciable de V, de veinte y siete del pasado que me sirvió de bas- tante esfuerzo. Dios se lo pague y se lo premie, pues con la carta de S. Anselmo he respirado un poco. Por el camino hice los diez días de ejercicios, pero mal y de mala manera; cosa mía: después sigo lleno de miserias como siempre; su Majestad me mire con misericordia. Me acuerdo del niño que pide miel y le dicen no la hay, y callo porque, en la ver- dad, nada merezco Me alegro de la salud de mi venerado abuelo y hermana; ofrézcame V. á los dos y mándeme cuanto guste, seguro que es suya mi voluntad con que le pido me dé su bendición y me encomiende á (1) Mucho, muchísimo dió que sentir al Beato Diego la misión de Zaragoza como veremos en las siguientes cartas. La delación que hizo de las proposiciones al santo Tribunal de la Inquisición, levantó tremenda polvareda, y dió margen á ruidosas contiendas que duraron largos años.

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