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156 Caras DeL Beato DieEGO y llegamos antier tarde aquí. Pasé prontamente á ver al Sr. Magistral de parte de V. y hallé que por haberle avisado su Ilustrísima (1) mi paso”por aquí, tenía orden suya para que me presentase sin falta luego que llegase. Pasamos á B. L. M. y usando de toda su autoridad me ha detenido para que le hag+ misión desde hoy hasta el día de Podos los Santos, sin admitir excusas, causas, ni alegato alguno. Me he convenidoy lo másá residir en su palacio, por- que no bastan razones, súplicas ni empeños para lo contrario. Creo hablará á V. de esto el Sr. Magis- tral y así por la brevedad lo omito. Aquí empiezo á reconocer cuanta necesidad hay de que Dios se desentienda de quien soy para obrar según su mi- sericordia y que me dé su espíritu y libertad apos- tólica para hablar á los mismos superiores lo que es debido y conveniente; el miedo de no hacerlo así y de no acertar á conocer cual es la prudencia evan- gélica en estos casos, me tiene el interior en una prensa de mil justísimos temores, porque me pare- ce callo demasiado por no exasperar. Por el camino he procurado hacer los ejercicios y por las incidencias de las detenciones no los he completado, de modo que aun me falta un día para los diez y el quele sigue para completarlos; han si- do tan disipados y sin fruto que solo he tenido el deseo de formar un tratado ó librito de ejercicios espirituales con el título «il Misionero para sí». ¡Pobre de mí que tan lejos estoy de lo que debo ser! Me ofrezco á Dios y le clamo por mis aciertos ale- gándole me ha traido aquí por sus incomprensibles juicios. No puedo más P. mío; dé V. mis expresio- (1) Este Prelado era el Ilustrisimo Sr. D. Felipe Anto- nio Solano que antes que de Cuenca, fué Obispo de Ceuta, distinguiendo á nuestro Beato con honrosos títulos y vene- rándolo como á un enviado de Dios.

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