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42 llegar, si no precede la pacificacién de los espiritus. Decia Leroy Be- aulieu que la cuestién social es la aspiracién constante del trabaja- dor hacia una situacién mejor, mas segura y mas respetada. Eso es verdad, pero no es toda la verdad. Hay enla cuestién social ansias legitimas de justicia que merecen reivindicacién, pero también hay otras cosas que es imposible satisfacerlas, y para quela paz venga, es necesario por lo que se refiere a lo primero, a esas ansias legiti- mas de justicia, que los que deben satisfacerlas se convenzan de que deben hacelo y por lo que hace a esas pretensiones imposible de sa- tisfacer, que sus pretensores renuncien a ellas. Si no, podra la fuer- za imponer a los unos la paciencia 0 a los otros determinadas conce- siones; pero la paciencia tiene sus limites y lo que se consigue con la fuerza no se agradece. Los obreros aprovechandose de la situa- cién, podran conseguir la disminucién de las horas de trabajo, po- dran conseguir aumentar los salarios; podran los patronos en ocasién favorable aumentar las’horas de trabajo, disminuir los salarios. jVano empefio! lo que se habra conseguido es ahondar, agrandar mas el abismo que los separa; se habran exacerbado los odios, y mientras no venga la pacificacion de los espiritus, no vendra la resolucién de la cuestion social. Se ha querido decir que la cuestién social es cuestién de orden puramente econdmico, es una cuestidn de estémago; lo es en parte; pero ¢dénde vamos a dejar el influjo que la parte moral y religiosa han tenido en la cuestién social? Cierto que la cuestién social se ha agu- dizado en los tiempos presentes; el maquinismo, la gran industria, la aglomeracién de obreros,.la libre competencia, la desaparicién de los antiguos gremios, que dejaron al obrero aislado junto al patrono po- deroso, todo esto son causas econémicas que agravan la cuestién social; pero no menos ha influido la irreligidn que se ha ensefioreado de todas las capas sociales. Quiero presentar aqui las palabras de Pe- dro Leroux, inventor de la palabra socialismo. Presenta este escritor socialista un didlogo entre el obrero y el espectro de la sociedad: el obrero reclama la parte que le corresponde del botin y la sociedad le dice que ya lo tiene.—Lo encuentro poco, dice el obrero y la sociedad le contesta.—Antes te contentabas con menos:—Es que antes, agre- ga el obrero, tenia un Dios en quien creer, un cielo en que esperar; el patrono que me mandaba, lo hacia en nombre de Dios y yo no me humillaba, obedecia a Dios; y aunque en este mundo fuera misera- ble, tenia siempre la esperanza de ser igual en un mundo mejor, y atin aqui en la Iglesia todos éramos iguales. Pero, nos habéis dicho
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