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sacerdote que tratase aquellos huesos, que él no osaba llegar a ellos, porque sin duda eran hue– sos de Santos según el olor que tenían. Así, vino el confesor de las monjas para ponerlos en el nicho, y él y muchas monjas que estaban allí a verlo, sintieron tanta suavidad y dulcedum– bre que todos sus se~1tidos exteriores fueron maravillosamente recreados, y recibieron tam– bién en el alma muy crecida consolación" (1). Igual agradable olor se experimentó, cuando, después de las sacrílegas profanaciones lleva– das a cabo por los enemigos de la Relig·ión en la guerra de 1936, el Sr. Obispo, D. Grego:rio Modrego, Administrador Apostólico de la dió– cesis, reconoció los preciorns restos y los auten– ticó el 7 de Abril de 1941. El mismo Sr. Obispo hizo observar la señal inequívoca de la estrella que aun ostenta en la frente el venerable crá– neo. Al contacto de las reliquias, son muchos los favores alcanzados, como el que se 1°efiere de la Madre Sor Juana de Leiva, Abadesa del convento, e hija que fué de la Princesa de Asculi, quien, estando desahuciada de los rné– ,dicos, sanó de tabardillo y viruelas, al serle .aplicada la reliquia de la preciosa C!l.beza. (Oración final, pág. 10) Laus Deo Vü·giniqne Mat1·i Imrrnaculatae. (1) Manuscr. de 1526. 35
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