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Isabel la Católica y de Beatriz, el nuevo Insti– tuto, se llama la Bula «del milagro». Por mila– gro se tiene que el mismo día, en que fué con– -cedida, un mensajero desconocido viniera al torno y enterara a Beatriz de la feliz nueva; mensajero que luego desapareció sin saber· cómo y que ella creyó en adelante que había sido el Arcángel San Rafael, de quien siempre fué muy devota. Y milagro más patente es que, a los tres días de saber por correo ordinario que había naufragado la nave en que venía la Bula, y estando con gran desconsuelo interior por el contratiempo, encontró inesperadamente, al abrir un cofre, una Bula encima de todo. «Y no sabiendo qué cosa era, envió al monasterio de· San Francisco por el maestro Fr. García Quija– da, que era Obispo de Guadix, y diósela , rogán– dole que se la leyese y declarase. En comen– zándola a leer, halló que era la Bula de la Santa Concepción . Y fueron muy maravillados, y de esto hicieron muchas alegrías en la ciu– dad» (1). Con este motivo se organizó una solemne procesión desde la iglesia Mayor a Santa Fe, y el mismo Sr. Obispo Fr. García Quijada llevaba la Bula en rica bandeja. En Santa Fe dirigió a la concurrencia un emocio– nado sermón haciendo resaltar el milagro, y anunció que de allí a quince días serían impues– tos el hábito y el velo a las religiosas de la. naciente Orden Concepcionista. (Oración final pág . 10). (l) Manuscr. de_ 1526.

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