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cío y admiración, se trocó, luego, en aviesos celos y mortales odios. Las habladurías, de una parte, de envidiosos y desengañados, con las reticencias y maledicencias picares· cas, de otra, llegaron a pervertir de tal suerte el ambiente, que la cándida doncella tuvo que ofrecene como víctima de la virtud perse~uida. Y, a pesar de su fortaleza nunca desmentida, la envidia y los celos se encr1ra· maron sobre el trono real, y la Reina conci– bió la impía resolución de ahogat a Beatriz en un cofre cerrado, pretendiendo envolver la alevosa muerte con el velo del descrédito y deshonor. Pero Dios velaba por la inocen– cia perseguida e hizo maravillosamente res– plandecer la verdad. Ohsequio.-Reprimir enérgicamente la pasión <¡ue más impida servir a Dios. ( Mcdítese un poco y pídase la gracia que se deE-Pa ). Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorías. EJEMPLARIDAD DE VIDA En el P¡,,Jacio <le Tordesillas rifió Beatriz las luchas más duras contra el mal y se cifió del sacrificio como de invulnerable coraza. Un aire de piedad envolvía, al principio, todo cuanto miraban sus ojos. Las torres almenadas con sus graciosos cambiantes sobre las aguas del Duero; el aire tamizado de los pinos; el tibio amanecer y atardecer en el horizonte irisado de la cam– pifia interminable; la presencia de los Francis– canos, sus ayos de la infancia; todo, en fin, la 13
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