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— 2146— desvalido 4 la vida de sacrificio y abnegacion, tomando sobre sus hombros nuestras desgracias para Manos su dicha. ca no es ninguno de esos bellos ideales, que se forjan las imaginaciones de los poetas. Hay. en él realidades de tan su- blime filosoffa, que es preciso estudiarlascon la prudencia del sabio , que da 4 cada cosa los quilates de st valor. ; Qué! ano hay un heroismo habitual en esa vida de sacrificio, 4 que se consagran_ las almas generosas , ‘que toman 4su car- go el soportar dia y noche, ora la estiipida inaccion del nifio de paiiales , que no sabe mas que lorar y mamar, y necesita que una mano carifiosa lo cuide sin ‘cesar para que no perezca amortajado- en su propia miseria, ora la incesante movilidad del nifio, mas inclinado al mal que al bien? oe Véase como se quiera fo que es el heroismo en thu basa puramente humanas, y se comprendera, que en la vida de un hombre hay actos herdicos, sin que se ‘encuentré f%- cilmente un heroismo habitual. Un general, por ejemplo, vive cien afios, y da cien batallas, que gana por su valor, sin ser herdico en su vida de general, sino cien veces: un hombre, cualquiera, ve 4 un nifio arrastrado de las cor- rientes, y se arroja 4 ellas, sin temor 4 la muerte , por sal- var al nifio, y es herdico una vez; y asf podemos decir de otros: pero las almas que se dedican al euidado continuo de la infancia desvalida, empiezan | sw carrera con un acto herdico, y cada. dia estén consumando hechos ‘heréicos 1y viven siempre como los héroes, y se habituan 4 ser héroes. Corramos un poco por las escenas del mundo. Aht se ve d cada paso la joven sentada cerca de una cuna, ora de oro, ora de madera, bien de aneas , bien de pobre lienzo, y esté arrullando 4 un nifio que llora deses- perado, miéntras ella lo acaricia, lo besa, lo abraza, lo mece y le habla, como si la entendiera , para devolverle la “— y el consuelo. ; Qué espectdculo! El nifio est4 im- El cuadro de. la beneficencia cristiana puesta en practi-

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