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Aad ae «i ae — 229— de la g6ndola: eran ya las siete y media, y nos fué dado ob- servar , 4 la luz del sol, el espectdculo que entre las sombras. nocturnas , dlumnidindes por teas encendidas, viéramos la pasada noche. Todo el espacio del canal , desde Alepé hasta desembarcar en el rio, fué recorrido al son de tambores, campanillas y pitos, que resonaban en dos botes que nos precedian: y por ambas orillas corrian las gentes, apresu- randose 4 recibir la bendicion del viajero sagrado, repre- sentante del Vicario de Jesucristo. Y como por uno y otro lado entran en el mismo canal otros, que cortan los sende- ros que van 4 lo largo, apénas los aldeanos llegaban 4 uno de estos canales, se arrojaban al agua, y lo pasaban, 64 vado 6 4 nado, para seguir, como lo hiciera una infinidad de ellos , hasta la entrada en el rio, en el cual no les era permitido entrar. No duré este ir, y correr, y precipitarse del pueblo, ménos de una hora, victoreando 4 cada instan- te con tres vivas, que en lengua malabdrica son tres ;;Ay!! muy agudos y prolongados , los mismos que, segun — cos- tumbres del pats, solo pueden darse al rey. Con las mismas demostraciones fué festejado ‘incateo pa- saje por otras iglesias, 4 donde tocamos por unos momen- tos, y la misma solemnidad y aparato nos esperaba en Qui- lon, 4 donde llegamos el nueve 4 las doce del dia, alojando- nos en casa del Sr. Vicario apostélico. Il. - Hasta aquif lo que vimos en aquel viaje. Muchas y gra- ves reflexiones pueden hacerse sobre este asunto; porque las demostraciones de amor reverencial de los habitantes de Malabar hacia un enviado del Sumo Pontffice, Vicario de Cristo en la tierra, contrastan mucho con la frialdad con que esos mismos hombres, 4 quienes con mucha facilidad se les llama salvajes, reciben 4los' personajes mundanos, _ que represéntan 4 potestades puramente terrenas. Yeneste — particular , nada hace la distancia mayor 6 menor: si desde ne er eee en ee EE
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