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—222— e tiene la plenitud del sumo sacerdocio, en quien todos re- conocen un poder , que no tiene semejante en la tierra, y ante cuyas plantas se postran los hombres para ser bende- cidos por él, porque creen que lo que él bendiga, bendito queda en lo alto de los cielos. _ Esta asercion se tendria por una paradoja, 4 no pe ity como sabemos.todos , que el cardcter exclusivo de la fe -catélica es, el imprimir en cuantos la profesan con sinceri- - dad unidad de sentimientos , 6 inspirar en las almas una como intuicion de los sentimientos de cuantos en la tierra profesan la misma fe, pero tan fuerte , que hace de todos . los creyentes una gran familia, donde no hay mds que un solo panioet:s y un _ CUEEDO 5 | donde no. any més que una vida. i Admirable cumplimiento de lo que pedia Jesucristo 4 su Padre, cuando le decia que deseaba que sus discfpulos fue- sen entre sf una sola cosa, asf como El mismo es una sola con El! Pero como esta verdad no solo es una verdad légi- ca, que se desprende de la ‘complexion esencial, que tiene la Iglesia catdlica, sino que es una cosa que se ve con los ojos, y se palpa con las manos en ese ntimero inmenso de catdlicos que puebla el globo, vamos4 dar una ligera de- mostracion de ella, en lo que hemos visto al recorrer los rios y canales de Pravandoe » donde viven. los cristianos llamados de Santo Tomé, los cualos tienen el rito siro, y vivian en la India, mds de ocho siglos ppt que paat alld San Francisco Javier. Era el siete de Abril, dia tercero a Pascua: el sol ¢ em- pezaba 4 dorar las praderas cubiertas de arrozales, cuando pusimos nuestro pié en el fragil lefio. La naturaleza son- reia, cuando bajo un cielo didfano y de un azul resplande- _ ciente, y entre riberas adornadas de eterno verdor y coro- nadas de una muchedumbre innumerable de palmeras y co- coteras , de choqueiras y bambties, emprendimos nuestro viaje fluvial, hendiendo las aguas del rio caudaloso, que por medio de varios canales lleva sus aguas hasta Quilon,

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