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=o cudnta claridad es posible, cudn grandes y.cuén poderosos motivos tiene la Iglesia catélica, para celebrar con tanto jui- bilo espiritual la asuncion de la Virgen 4 los cielos. Il. 1p Ole Si para hablar dignamente de las oscalitian de la ‘Vir- gen, no bastan las lenguas de jos angeles; para referir su ltimo triunfo , serfa necesario tomar en la mano'sus eftaras de oro, siquiera para suplir con los ecos de sus modulacio- nes celestiales, lo que no puede pronunciar el tosco len- guaje de los mortales. A lo ménos, enténces se conseguiria producir éxtasis en las almas, ya que no tiene nuestra voz palabras. suficientes, para explicar tantas y tan inefables grandezas. Las recorrerémos, sin embargo, como podamos; formarémos, como nos sea ‘posible, una guirnalda, que ofrecerémos, como homenage de amor filial , 4 tan excel- sa Reina y Madre, poniéndola con m tatteniale Asus piés, ya que no pueda ser colocada en a frente mas serena que el cielo, porque esta orlada con la diadema, que su Hijo — glorioso le ha puesto con su propia mano. Para llegar 4 comprender la grandeza de la ultima victo- ria de la Virgen, es preciso recordar que tenemos todos los hombres tres enemigos formidables, de los cuales hay que triunfar despues del combate que necesariamente he- mos de trabar con éllos; el primero de estos’ enemigos, es Lucifer; el segundo, el pecado; el tercero, la muerte. Al primero y al tercero de estos adversarios , no los vencemos propiamente nosotros; pues este triunfo es exclusivamente - de Cristo ; Cristo es quien, con toda verdad, obtuvo del dia- blo una victoria completa y universal , pues despojando a los principados y potestades del infierno, los sacé valerosa- mente en piblico, y llevdlos delante de si, triunfando de ellos en su propia persona (1). Solo Cristo tenia virtud para (4) Colos. cap, IL, y, 45.
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