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sis I lar 4 sien pues todos tomaban parte en su pena. Pero oh portento! El sepulcro estaba vacio: el caddver no es- taba allf: porque la fuente de lay vida no estaba muerta: ni la muerte y el sepulcro podian. cabrir por largo tiempo aquel vaso enteramente nuevo, que habia encerrado al In- menso, y por eso lo dejan que se vaya, por no ser confor- mes estas bajezas con tanta sublimidad. Ella (la Virgen) subié de una manera admirable, alld donde se la tenia pre- parado el lugar que la convenia (1).» _ Tenemos, pues, expresada ya la fe de los Padres, sobre ’ la fitima vietoria de la Virgen sobre Lucifer. Desde el mo- mento mismo, en que tuvieron lugar estos hechos, creye- - ron piadosamente los fieles, que, pasados tres dias del trdnsito, el alma y el cuerpo de la Santisima Virgen volvie- ron 4 unirse por virtud del Altisimo, y que saliendo triun- fante del sepulcro , y radiante toda ella de gracia y hermo- sura indecibles, recibiéndola su Hijo en sus brazos, fué asunta 4 los cielos entre ejércitos de angeles, cantando himnos de triunfo y de gloria los querubines yserafines, _ saltando de jiibilo los cielos y la tierra, aplaudiéndola por _ todas partes la naturaleza, alegrandose los hombres ami- gos de Dios, y temblando é bramando de furor las potesta- - des adversas. Lo primero que salta Fi la vista en este acontecimiento portentoso, esla fe piadosa de los Apédstoles, testigos de cuanto sucedié. Hablando del hecho, y de lo que aquellos -ereyeron, nos dice San-Juan Damasceno estas palabras: « Abrieron los Apéstoles el sepulcro, y por mds que regis- traron, no pudieron encontrar el cuerpo sagrado de la Vir- gen. Lienos. de estupefaccion por el milagro de tan gran misterio , solo pudieron pensar una cosa, yes que el que quiso tomar carne de la Virgen Maria y hacerse hombre y nacer de ella, siendo como es el Verbo Dios, y Sefior de la gloria, que conservé incorrupta la virginidad de su Meany, (1) Serm. de Dormitio. Deipar. née, ‘tivm. E , 43
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