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4p — dre; el Sefior se lleva 4 la Sefiora, el Rey 4 Ja Reina, el Es- poso 4 la Esposa, el Hijo dla Madre, el que es puro ala Virgen, el Santo 4la Santh, el que es muy excelso 4 la mds excelsa despues de El, yel cielo recibe al alma, que es mu- _ cho mayor que él. Pero estos , los Apdstoles , por cierto , no descuidan nada de cuanto concierne al cuerpo innisiiiade, ennoblecido con haber hospedado 4 Dios, aplicando 4 El todos sus cuidados. ;Oh, qué desgracia tan dura! ; Cémo podia suceder esto sin lamentarse! ; Oh injuria , que no pue- de sufrirse, el que la muerte posea las primicias de la vida, y que un sepulcro encierre 4 la que, con su parto vivificador, los dejé4 todos ellos vacfos (1)!» He ahi lo que dice este © Santo Padre, no pudiéndose encontrar cosa més sublimey enfitica que esta, para describir lo que con ocasion del — trdnsito dela Virgen, pasaba en los cielosy en la tierra. Pero ahora vamos 4 referir cosas mds altas y més admira- bles, referentes 4 la resurreccion de la misma ; y desu ascen- sion Glokiontsima 4 los cielos. I. 6 Heep Cudnta razoneas ia’ Iglesia catélica en anaes Mm muerte preciosa de los santos, se deduce de lo que la sabi- duria infinita de Dios nos ensejia respecto del trénsito de sus almas4los cielos. Desde enténces empieza la memoria impe- recedera, quesetendra del justo en la tierra (2) : de ese tran- sito, nos dice el Sefior, que la muerte del justo es preciosa en su presencia (3); y de todos ellos nos dice el Apéstol san _ Juan: Bienaventurados son los que mueren en el Senor (4). La Iglesia catdélica, que busca en todo la gloria de Dios, sabe muy bien, cudnta le resulta de alabarloy bendecirlo 4 El, que es gloriosoy admirable en sus’ santos; pues, en (4) De Dormit, Deipar. Serm. nimeros XIX. XX. (2). Psat CXI. v. 7. (8) Psal. GXV. v. 45. (4) Apoc. cap. XIV. v, 45.

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