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tian por su inminente transito. Sucedié, pues, que estando la Virgen purfsima en esta dulce platica, inspirando 4 las que la escuchaban aquel consuelo divino, que producian sus palabras, pues tenia su voz algo de celestial, y natural- mente causaba suavidad y alegrfa 4 los que la oian: suce- did, repito , que el cielo did un trueno repentino, anuncian- do por su estruendo y fragor, que los ministros que han de asistir en sus tiltimos momentos 4 la Madre de Dios, se , 4prestaban 4 ponerse en camino. Por otra parte, las nubes, corriendo de distintos puntos, se apresuran4 recibir sobre si 4 los que han de asistir al sepelio de la Virgen , sirvién- doles de carrozas de nuevo género. Y en verdad , apénas se oy6 el ruido de los truenos, sucedié lo que acontece cuando el sonido prolongado de las trompetas llama 4 los soldados de un ejército 4 formar en batalla: los Apéstoles, ministros de la Santisima Virgen, conociendo lo que significaba el gran fragor de los truenos, se levantaron como soldados cehidos de armas, y subiendo 4 las nubes, como 4 fogosos corceles, corrian de todas partes, anhelosos por reunirse al ejército amigo de los angeles.» ‘a Pero antes que san Isidoro de Tesaldnica , habia descrito esta escena san Juan Eucaitense, cuyas elegant{simas pala- bras queremos poner aqui: « Los Apéstoles, dice ,sereunen, viniendo cada uno de su region, y llegando todos 4 un tiempo, y mejor diré, bajando de los aires, no sé cémo, cual si fuera una lluvia que cae en la tierra. ; Oh lluvia nue- va! ; Oh caminantes que vuelan! j Oh viajeros etéreos! ,Qué motivo tan nuevo hay, para un acontecimiento tan admira- ble? 4De dénde nos viene, el que caigan hombres de las nu- bes? 4Cémo sucede, que haya un ejército terrestre bajado - del cielo ? No es ya un Elfas, que sube de aqui 4 las nubes en carro de fuego: no es solo un Habacue sublimado por las nubes: ni un Pablo, que es arrebatado al tercer cielo; sino que él mismo baja del cielo 4 la tierra con otros muchos (1).» Esto y otras cosas nos ha trasmitido la tradicion cons- (1) S. Joan Euchaiten. Sermon de Dormitio, Deipar. wim, XIX.

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