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Vamos 4 concluir este asunto : es un hecho, que los ene- migos de la Iglesia catélica, no pudiendo destruir la ver- dad atacdndola en ella misma, han dirigido sus embestidas al centro de los afectos, al corazon. Con astucia satdnica, quisieron endurecer el corazon de los hijos, dando un co- razon duro é insensible 4 la Madre de todos: con no menor malicia, inventaron injurias, donde no hay sino amor, pero un amor que liga al cielo con la tierra. El amor del Hijo 4 su Madre, el amor de esta Madre 4 los que son coherederos de su propio Hijo, es el vinculo de oro, cuyo primer lazo estrecha al Padre Eterno con su Hijo hecho hombre, el se- gundo al mismo Hijo con su Madre, y el tercero 4 este Hijo y 4su Madre con los hombres, santificados y redimidos por aquella sangre, que tanto era del Hijo porque circulaba por sus Venas, como de la Madre porque se la habia dado. La guerra ha sido ruda y pertinaz: pero preciso es con- fesar altamente , que ha fracasado. Precisamente, desde que aparecié el protestantismo , diseminando estos errores con- tra la Virgen, ha crecido en la Iglesia la devocion 4 la Virgen en _Proporcion de uno 4 ciento; pues cuanto ma- yor empeno ha tenido Lucifer en oscurecer las glorias de la Virgen, y en sembrar entre ella y sus hijos la division, tanto mas se han esforzado los hijos de la Iglesia catdlica en publicar sus excelencias, en confesar sus glorias, en aumentar su culto, en invocarla en sus necesidades y en rogarla, que interponga su mediacion para con su Hijo, © para que éste les perdone en esta vida y los salve para la otra. Y esto no necesita pruebas , pues la historia actual es el portento de la devocion de los fieles Ala Madre de Dios. He ahf lo que deseaba decir sobre las glorias de la gran Sefiora. Quiera el cielo darnos dias de paz y de justicia por la intercesion poderosa de su Madre, para que cuando lle- gue el triunfo de la Iglesia, que ya no puede hacerse espe-
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