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Bs —ts — contados este estado horrible, en que se encuentra la socie- dad; yes, que estén holladgs todos los principios de justicia y de derecho natural y divino ; que lo saben todos , lo lamen- tan todos, y sin embargo, apénas se levanta un héroe que saque la espada, para derribar 4 los enemigos de Dios y dela sociedad. ,De dénde ha venido esta apatia vergonzosa? Se- guramente, de que el protestantismo, desde su aparicion, ha ido llamando 4 los hombres 4 los placeres, dla tierra, 4 la adquisicion de oro, 4 buscar en la tierra el paraiso maho- metano, con lo cual el corazon se ha despojado de su sen- sibilidad, se ha endurecido el sentimiento, y se han bas- tardeado las ideas sobre lo que es verdaderamente la nobleza del alma y la grandeza del corazon. De hombres en- tregados habitualmente4 goces de los sentidos, 4 mesas opfparas, 4 diversiones teatrales y 4 disipaciones voluptuo- sas , podran’Salir entes feroces; pero, jhéroes de la patria! j hombres que esgriman la espa: , para defender la aeeen la inoeencia y la virtud! Eso no. Otro fenédmeno se esta viendo, y es horrible enCabana: hay una tendencia pronunciada 4 arrojar 4 Dios de la socie- dad, no queriéndose que ejerza sus influencias en las leyes, en la ensefianza y en la familia: lo que tambien llena de es- panto 4 quien piensa en esa catdstrofe de los entendimien- tos, qe es la mds grave, y puede decirse, la extrema. Al investigar el principio de esta ruina tan lamentable de las ideas, retiramos la palabra ‘fendédmeno, por haber dado con la causa que ha producido tamafio mal. Todo eso es el efecto natural de las doctrinas del protestantismo, relativamente 4 lo que vamos diciendo. ;Cémo ha podido suceder’, se pre- gunta uno 4 sf mismo, que los pueblos hayan eaido’en esta demencia de arrojar 4 Dios de ta sociedad , cuando no puede concebirse la existencia de esta, la de la‘ familia, la dela ley, la de la ensefianza sin Dios, puesto que la razon natu- ral ensefia , que Dios es el criador del hombre, ‘el autor de la familia y de la sociedad , y que no hay ley alguna, que pue- da llamarse ley en toda verdad, que no esté fundada en la
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