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— 196— - paga lo mismo, 6 recorriendo de arriba abajo, si la cuerda es pulsada en sus extremos , 6 extendiéndose stibitamente 4 uno y otro lado, si se la toca en el centro. La causa es , bien conocida : las cuerdas de un instrumento musical es- tén tirantes y forman una linea recta, y otro tanto sucede con la investigacion de la verdad. Todo es recto en su ca- mino: no hay tergiversaciones, ni rodeos , nisinuosidades: una verdad conduce 4 otra, porque todas forman un cuerpo compacto , indivisible, inseparable y siempre uno. Los herejes y los cismaticos no poseen esa cuerda tem- plada y sonora de la verdad, pues con solo negar un pun- to, cualquiera que sea, rompen ese alambre de oro, no - pudiendo formar el mas ligero sonido , que hiera las fibras de su alma. Los catélicos, al contrario , apénas oyen cual- quier pulsacion del arpa sagrada, perciben el suave con- junto de toda su vibracion , y con lamisma velocidad suben 4 la cumbre de su altura, como descienden al principio de © cualquiera de las grandezas de la religion. Y 4 por qué tiene el alma creyente esta ligereza, no'ya semejante 4 la del ave que vuela, sino 4 la de la electricidad , que puede decirse, que es la representacion sensible del movimiento del espfri- tu? Porque en todas esas grandezas de la fe encuentra siem- pre& Dios: eb et en: pie el mnertio. 46 Dios, el fin es Dios. Asi, al oir referir el dhanbatede la Virgen con el dragon del abismo en el primer instante de su Concepcion inmacu- lada, vino instanténeamente4 mi espfritu un pensamiento, y fué el de un combate, que puede llamarse la continuacion del que medié entre la Virgen y Lucifer. De este combate voy 4 tratar, como ahora lo vereis.

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